Antes que el todocamino Cayenne, el título de Porsche más rompedor de la historia lo tenía el 928.  Nacido hace cuarenta años para ser el nuevo “líder de la manada”, sustituyendo al 911, se convirtió -en cambio- en un icono tecnológico de la ingeniería Porsche, abriendo camino a futuros modelos “transaxle”, como el actual Panamera. Lo celebramos con Porsche en ClassicAuto Madrid.

Parece cierto que el 911 es inmortal: todos los esfuerzos realizados por las marcas rivales -y por la propia Porsche- para desbancarlo han sido inútiles. De todos ellos, el “golpe de estado” más serio lo asestó el propio Ernst Fuhrmann, director de Porsche en los años ’70: ante la bajada de ventas del 911 y las alarmantes noticias de la Crisis del Petróleo y de las normas anticontaminantes -y otras zancadillas- provenientes de su primer mercado, EE.UU., decidió cambiar radicalmente el tradicional concepto de Porsche que provenía de tiempos del 356: todo atrás, refrigeración por aire y motor boxer. Fue una demostración más de que, las huidas hacia adelante despreciando todo lo consolidado, nunca salen bien.

El proyecto 928 se inició en 1971 y tenía que ser todo lo contrario a lo establecido: un coupé deportivo con características de berlina, un tragamillas confortable, elegante y potente a la vez… y con un motor delantero refrigerado por agua, que se ajustase a todas las normas -presentes y futuras- de la restrictiva legislación norteamericana.

Todo ello no impidió que la ingeniería Porsche desarrollara todo su potencial tecnológico, creando un vehículo revolucionario y distinto a todo lo existente en la época. Un vehículo magnífico… que -en cambio- nunca convenció a los “porschistas”.

Fue presentado en el Salón de Ginebra de 1977 entre una gran conmoción: Porsche había hecho algo radicalmente diferente ¿podría hacer olvidar al 911?

La carrocería monocasco de acero, redondeada y aerodinámica, fue obra de Wolfgang Möbius y guardaba un cierto parentesco con el 924, nacido un año antes. Incluso tenía portón trasero transparente, como aquel, aunque no la bonita cúpula de cristal. Pero lo realmente destacable era su motor, situado bajo el capó delantero: un gran V8 a 90º todo de aluminio, 4,5 litros de cilindrada y culatas de 16 válvulas, con 240 CV de potencia y ¡refrigerado por agua!.

El Porsche 928 también tenía arquitectura “transaxle”, con un túnel de transmisión inferior que unía firmemente motor con cambio (en posición trasera). Eso aportaba un equilibrio de masas inmejorable: al 50% entre los dos ejes. Los ingenieros de Porsche también innovaron en la suspensión trasera con el “Eje Weissach” direccional.

El conjunto era muy sólido y también pesado (especialmente con el cambio automático). Por eso se montaron capós, puertas y aletas de aluminio, así como innovadores paragolpes de material deformable que adoptaban el contorno de la carrocería y también su color. Aparte de cumplir con la norma americana, crearon escuela en todo el mundo.

Otro signo estilístico -muy discutido- fueron sus faros retráctiles, que no quedaban ocultos en reposo y tenían forma de obús una vez desplegados.

Fue el primer deportivo que consiguió el galardón “Car of the Year” en Europa en el año 1978, sin embargo, no tuvo el éxito comercial esperado (aunque se vendieron más de 61.000 unidades en todo el mundo) y, de nuevo, el 911 se recuperó en sus ventas y siguió siendo el icono de Porsche. Aun así, el 928 estuvo en producción desde 1977 a 1995 en varias terminaciones (también hubo “S” y “GTS”…), con motores de 4,5, 4,7, 5,0 y hasta 5,4 litros, cada vez más potentes y rápidas.

Texto: Luis Alberto Izquierdo

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